Helados de autor para amantes de los viajes

Helados de autor para amantes de los viajes

Dicen que un buen helado no empieza en el congelador, sino en la imaginación de quien lo prepara. Todo arranca con un ingrediente estrella: fruta fresca, cacao, hierbas o hasta un grano de maíz; que pasa de la tierra a la cuchara en cuestión de horas. Después viene el ritual: mezclar sin prisas, batir como si fuera un secreto familiar y dejar que el frío haga su trabajo silencioso hasta lograr esa textura que se derrite despacito en la boca.

¿Cómo saber si un helado es artesanal? Hay tres señales infalibles: el sabor sabe a lo que promete (si es mango, sabe a mango de verdad), la textura no es uniforme como de fábrica, sino cremosa y viva, y lo más importante: cada bocado deja con la sensación de que alguien lo hizo pensando en sorprenderte, no en producirlo en masa.

En México, el helado se reinventa donde cada sabor es un homenaje vivo a la tierra y a sus historias. Es el encuentro entre técnicas artesanales y creatividad desbordada, donde lo ancestral se mezcla con lo inesperado. Cada cucharada captura la esencia de ingredientes que nacen bajo el sol, en magueyes, cactáceas y campos que guardan siglos de tradición. Un lujo tan único que ni el gelato más célebre de Italia podría imitar, porque no solo refresca, también emociona y conecta con la raíz de un país.

En Cleviá San Miguel de Allende, Autograph Collection, el protagonista indiscutible es el helado de garambullo con mezcal artesanal. El garambullo, joya púrpura que florece en las cactáceas del Bajío, condensa en su dulzor vibrante la esencia de esta tierra mágica. Al unirse con el mezcal —destilado que despierta memorias, leyendas y celebraciones mexicanas— surge un helado que no solo despierta el paladar, sino que transporta a un viaje sensorial de texturas y aromas. Elaborado por una heladería artesanal local, se sirve en el restaurante Ayolí Cocina Mexicana Contemporánea con un delicado toque de sal que resalta sus matices y profundidad. Es más que un postre: es una experiencia que conquista a quienes buscan autenticidad y sofisticación en cada bocado.
Mientras tanto, en Sheraton Buganvilias Resort & Convention Center, la sorpresa se viste de irreverencia con un helado de palomitas quemadas. Inspirado en la nostalgia del cine, pero reinventado con un giro gourmet, este sabor se prepara como nieve de garrafa y se acompaña de palomitas caramelizadas que equilibran lo dulce y lo tostado. El resultado es un juego adictivo de texturas que rompe expectativas y despierta sonrisas. Disponible en El Deli, es un guiño divertido y goloso que invita a redescubrir lo que un helado puede llegar a ser.
En estos destinos, cada helado es una obra maestra que celebra el ingenio y la riqueza de México. Son postales comestibles que condensan paisajes y tradiciones en una cucharada. Porque al final, un buen helado no se queda en el paladar: se convierte en una anécdota, en un recuerdo imborrable que viaja contigo. Y es justo ahí donde Marriott Bonvoy hace la diferencia: llevar hasta la mesa experiencias que saben a México, pero con la promesa de que siempre habrá un próximo sabor por descubrir.


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